Hoy en día el mundo se “maravilla” con las armas que los diferentes gobiernos del mundo han desarrollado, armas que se han hecho con un fin específico que es simple y sencillamente asesinar a otro ser humano.
Habrá quien diga, “es lógico ¿no?, las armas están hechas con ese fin”.
Pues bien, a esos que piensan así, yo les digo que están equivocados, que hubo un tiempo en que un arma en específico se usaba para fines sagrados; esa arma era el mauáhuitl.
El término significa “madera o palo de mano” y era utilizado en los combates cuerpo a cuerpo.
Erróneamente se pensó durante mucho tiempo que esta arma era exclusiva de los aztecas, sin embargo yo les puedo asegurar que los mayas llegaron a utilizarla también… o qué, ¿pensaban que los mayas no peleaban?
El macuáhuitl era una pieza de madera plana que podía medir 50 u 80 cms. aproximadamente, que tenía un extremo redondeado que servía para empuñarla.
Entre la parte plana se incrustaban dos hileras de puntas de obsidiana muy filosas, sin embargo, eran armas eficientes para uno o dos golpes a lo mucho.
El uso que se le daba al macuáhuitl en las guerras floridas era, incialmente, para eliminar a uno o dos enemigos, dependiendo de lo efectivo de los golpes que asestara el guerrero en cuestión (de ahí que las piedras fueran sumamente filosas), pero, después servía para golpear para desmayar o aturdecer a los guerreros que se pretendía capturar y después utilizar en los sacrificios humanos que se practicaban en honor de los dioses.

Después de las batallas campales, los guerreros tomaban a sus prisioneros, los llevaban consigo, curaban sus heridas y, llegado el momento, los preparaban para llevar a cabo los rituales en honor, generalmente, de Huitzilopochtli.
El macuáhuitl era usado entonces como arma ritual, en un evento en que al prisionero de guerra era colocado sobre una base de piedra, atado a la misma con una cuerda sujetada a su tobillo y armado con un escudo y un macuáhuitl, en que las piedras de obsidiana eran substituidas por plumas. Así, el guerrero debía de enfrentarse a otros guerreros, armados también cada quién con su macuáhuitl, que luchaban con él y lo iban cortando poco a poco, para que cayera al piso, débil, desangrado y, antes de morir, un sacerdote se acercara a él, le abriera el pecho y tomara el corazón todavía latente entre sus manos, para así honrar al dios.
Mucha gente piensa que esto era salvaje, que era un acto propio de bárbaros, sin embargo, deben saber que el ser prisionero y, por ende, una persona que serviría para honrar a los dioses era un gran honor, ya que en esos tiempos se honraba al Universo entero y se estaba conciente de qué tan pequeño es el hombre y que él debía cumplir con su parte de honrar a los dioses para que el mundo siguiera existiendo, y con ello, que sus familias, sus amigos, sus pueblos, también lo hicieran.
Qué interesante era vivir así… qué complejo podría parecer, pero, al final, era algo más simple que como vivimos hoy.
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Pues q bien se nota q tu especialidad son los palos!!! jajajajajaja
Asi eran las armas de los antiguos paisas, solo eran para herir al contrario, es por eso q cuando los Españoles llegaron a chingar, el aborigen se horrorizo de ver como mataban solo por matar.
Solo después de muchas batallas perdidas se dieron cuenta q tenian q olvidar el herir-capturar-sacrificar y partirles su madre desde un inicio.
También hubo un elemento insospechado: La guerra bacteriológica.
La infame viruela dio cuenta de los aguerridos Mexicas.
Esta era portada por algunos esclavos negros que servían a los gachupines. Ellos eran inmunes, pero nuestros antepasados aztecas no, lo que los diezmó sin piedad.
Saludos